El edificio
Treinta metros de altura, arquitectura ecléctica isabelina y un cierto aire parisino: así se levantaron en 1860 los edificios de la plaza, y el nuestro se construyó expresamente para ser un hotel de categoría. De aquella casa quedan el mostrador de mármol de la recepción, el ascensor de madera, los latones del portal y la costumbre de dejar la prensa del día en conserjería.
Las habitaciones
Ocho tipos de habitación, todas distintas, repartidas entre las que miran a la Puerta del Sol y las que se recogen hacia el interior del edificio. Mármol en los baños, amenities de Rituals, grifería dorada y cabeceros tapizados; en las Premium Corner, bañera exenta junto a la cama. Las que dan a la plaza tienen el reloj de la Real Casa de Correos enfrente.
Las vistas
Estamos en el kilómetro cero, con el reloj de la Real Casa de Correos enfrente. Desde los balcones se ve la plaza entera: la calle Preciados a un lado, la cabalgata de Reyes en enero, el árbol de Navidad en diciembre y, cada 31 de diciembre, la multitud esperando las campanadas.
El restaurante
El Mirador de Sol ocupa la planta principal, con cinco balcones asomados a la plaza y al reloj. Aquí se sirve el desayuno cada mañana y, a partir del mediodía, se come y se toma algo en la barra de mármol: la coctelería está abierta también a quien no se aloja en el hotel.
